LE CONTRAT

 Mettez votre vie dans nos mains.

Estoy subiendo las escaleras, que pocilga tan indignante en la que vive, pero debo decir que es mejor así, estoy seguro que nadie lo notará, no por ahora.

Mi nombre es Abélard, aunque solo mi familia me llama así, debo decir que poco recuerdo de cómo empecé en esto, mis recuerdos son confusos, tanto que ni memoricé bien el número  que aquel caballero me indicó, ando distraído últimamente, menos mal siempre llevo conmigo mi libreta, a ver, a ver, aquí está, número 48.

Este pasillo es largo, 38, 42, 44, 46, 48, aquí es. 11:00 Am aún debe estar en el trabajo según me dijo en la tienda, odio tener que forzar las puertas, esta maldita no quiere abrir, una vuelta más y… ¡por fin!, que lugar tan repugnante, cuanta suciedad, favor que le hago, estoy seguro de que cuando termine le dará un poco de decoración y todo, empiezo a ir hacia la letrina, ahora solo queda esperar a que llegue.

Una por día, esa es la regla, nunca se sabe cuánto va durar, debe ser efectiva y rápida, algunas veces se arrepienten pero y qué más da, por esta razón todo queda firmado, cuando la tinta toca el papel no hay marcha atrás. Estoy sentado, esperando, 45 minutos han pasado, este hijo de puta no llegará  me dice el subconsciente, ¡momento! la puerta rechina, lo mejor de todo es que nunca saben cuándo sucederá, solo sucede, cuanto más inesperado sea mejor, siempre debo asegurarme que sea la persona indicada, no se permiten errores en la profesión; siempre suelo dar 15 minutos de más, tanto para el cliente como para corroborar que sea el indicado.

Está acercándose, la entrada a su tranquilidad lo espera, esa calma que fue a solicitarme, mientras la puerta se abre y él busca el interruptor, yo saco mi utensilio de la paz, la luz se enciende, mis ojos se conectaron a su cuello, ¡¡swash!! El cuchillo corta esa delgada piel que le recubre, su ser cae, son solo unos momentos de dolor por la paz eterna que quiso, salgo de la letrina mientras su cuerpo aún da los últimos movimientos, el trabajo está hecho, apago las luces del lugar y tal como llegué me voy, nadie se imagina lo qué sucedió, calles de mala muerte no son los mejores lugares para morir pero sí los más discretos, solo se perdió a un sujeto, tal vez tendrá una familia que desesperada acudirá a mí, a nosotros. Mientras salgo del edificio (si a eso se le llama así)  alargo mi mano al “portero” y unos cuantos centavos le doy, nunca estuve allí, la gente es ciega.

Mientras salgo de aquel camino al infierno, puedo ver a toda esa gente despreciable, debería morir para acabar con su depresiva existencia, pero no todos tienen el dinero para firmar el contrato; aunque esa sería la última inversión que harían, tentador;  cuatro calles más adelante me voy despojando de cada prenda que cubrió dicho suceso, vuelvo a mis colores pasteles y a diez calles más soy el ciudadano normal, él de la sonrisa en el rostro, hasta rozagante me veo.

Mi auto está en el parqueadero retirado, debo ir a casa, tengo que decir que no soy un asesino, homicida o cualquiera de los sinónimos que le puedan encontrar, soy un profesional, un prestador de servicios sociales, siempre pensando en la comunidad, no soy el primero y tampoco seré el último, somos una secuencia familiar, por estos días el negocio anda bien, con tantos problemas y crisis el olvido permanente ronda por las mentes de muchas personas, que aunque queriendo hacerlo no tienen el valor para efectuarlo, y por eso estoy yo aquí, para hacerlo más fácil.

En qué consiste dicho negocio se preguntaran, bueno les digo que todo es desde mi oficina, un humilde lugar que funciona como tienda de artilugios y que también… para el que quiere se acaba con sus preocupaciones, nunca hemos tenido ningún problema, nadie ha podido contarlo (hasta mi propia risa me asusta).  Como lo dije antes, no soy solo yo, mis bisabuelos lo iniciaron y sabiendo que hacían un bien lo continuaron.

Las reglas son sencillas, vienen a nosotros en busca de ayuda, firmamos el contrato y todo sucede inesperadamente.

¿Qué si no tengo corazón? Sí lo tengo, pero cuando una persona no ve otra salida lo más humano, y porque tengo el deseo de ayudar, es llevar a cabo el contrato, no se obliga, es una solución. Claro que hay veces en las que siento un tanto de compasión, pero este trabajo es de solución al que la pide. La semana anterior llegó una chica de ojos color café, unos labios diseñados a la perfección, parecía perfecta pero no iba por artilugios de reliquia, en realidad si estuviésemos viviendo de esos artículos tal vez hubiese recurrido a otro prestador de servicios; nuestra fama se propaga por estos tiempos, solo han  pasados dos años desde que inició la crisis, todos quieren una ayuda inmediata.

El miedo a un futuro se hace cada vez más evidente, un futuro que al parecer no es prometedor, tal vez al vivirlo hasta yo firme mi propio contrato, y es que aún se pueden oír algunas explosiones, el miedo se posa en los hogares desesperados, pero mientras llega ese mañana viviré el presente haciendo alabanza de mis servicios a la comunidad despojada y sin sueños, no hay mejor futuro que el presente.

Un cliente se aproxima a la puerta, la campana en la parte superior me lo indica.

-Buenos días caballero, ¿en qué le puedo ayudar?

-Buenos días para usted, he oído bastante de sus artilugios y… del contrato.

-Señor mío se necesita de mucha discreción, venga por aquí por favor.

Mientras me dirijo al sótano con este amable caballero les explico, aunque la fama nos toca, la discreción es la regla dorada, mis servicios no son aun reconocidos por los altos cargos de los derechos humanos.

-Señor mío aquí está, el contrato, todo es legal aquí, usted decide y nosotros le servimos.

Mientras digo estas palabras le doy la pluma para firmar, al pobre hombre le tiembla la mano, al parecer lo está pensando pero… no, ya firmó.

-Bien señor mío ahora subamos para hacer el depósito correspondiente, luego vaya y descanse.

El hombre saca el dinero y el pago es efectivo, veo como sale de la tienda, un poco frustrado, pero como dije cuando se firma no hay vuelta atrás, y ahora mi deber me llama,  un contrato está próximo a cumplirse.

Por:   Edson Andrés Londoño

Twitter: @LondonoEdson
Instagram: @Eandreslondono

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