Desperté

El amor es algo complicado, todo empieza por ese sentimiento de atracción, la química que llaman, esa conexión física que instantáneamente surge y ese puente a base de miradas, los ojos locos que se mueven como si quisieran salir de sus cuencas para unir aun más ese sentimiento creciente.

Pues aquel día sucedió eso, le vi, no podía dejar de mirarle, mi estomago se llenó de esos insectos voladores, tan coloridos como el color de mi rostro, la vergüenza me volvió un arcoíris. Dulce sueño adolescente, amorío de calle, solía enamorarme cada cinco minutos, cada que caminaba pero aquello era algo distinto, quedé atónito ¿era real?, parecía de carne y hueso, no era necesario verle la aureola para creer en su perfección, aunque su mano entrelazaba otra, mi cabeza se movió al ángulo de su caminata, de repente volteó, en esa esquina me miró. Nunca pensé enamorarme en frente del Palacio de justicia, la ley estaba en frente y yo quebrantándola, extendiendo su mano hizo un saludo que nunca olvidaré, sin pensarlo mi mano también se extendió, esos movimientos involuntarios que luego agradeces a tu cuerpo porque existan, creo que jamás me sentí más alegre de romper la regla de los padres “no saludes a gente extraña” que me importaba, solo me gustó, claro que quería que ese desconocimiento no existiera, no le conocía pero quería hacerlo, los dos hoyuelos en sus mejillas y su perfecto rostro tallado y perfilado me hacían querer hacer pasar horas hablándole, sabía que nunca sentiría lo mismo por alguien, nunca más.

No le vería más pero y qué importaba, ese momento me tuvo pensando por días, semanas y aun ahora lo sigo haciendo, que impacto el que puede causar alguien.

Los días pasaron desde aquel momento y en cada uno de ellos caminaba en frente de aquel edificio gubernamental, tal vez le vería. Mis posibilidades de encontrarle eran tantas como el ganarme la lotería y me la gané, en realidad no, eso hubiera querido pero le vi y eso fue más que suficiente.

Ese día salía del colegio y después de almorzar subí por ese mismo camino que me había designado, cuando a la distancia le pude ver, como si tuviera un tipo de radar mi sistema nervioso se paralizó, el corazón quería salir y tirarse a sus pies, el caminar y pensar no se me daba, cuando se acercó y de sus perfectos labios salió un <<Hola>>, sin tardanza alguna le respondí, fue todo el dialogo que tuvimos y uno de los momentos más emocionantes que jamás hubiera imaginado, me quise fundir en sus ojos, siguió su camino y yo el mío, que si se hubiese dejado a decisión mía habría seguido aquellas huellas, la sonrisa de oreja a oreja se dibujó en mi rostro, una felicidad incontenible, quería saltar, gritar, reír a carcajadas pero lógicamente estaba en un lugar público, no quería ser el loco que se levanta a gritar.

Es increíble como un conjunto de cuatro letras alegró ese día, tomé el autobús y todo el camino a casa pensé en su sonrisa, sus ojos, su cabello, su piel, su “Hola”, es que no sabía si era real o si solo mi tonta mente lo había imaginando, que si era así que alguien me despertara, en realidad no, si fue un sueño pues quisiera seguir  durmiendo todavía.

Los días pasaron y me decidí a no seguir en incertidumbre, necesitaba saber su nombre, bueno y de paso su número de teléfono, es que lo necesitaba, no podía seguir enamorado de un momento. No recuerdo que día fue, solo lo que significó, me dispuse a conseguir su nombre y número telefónico, 2 horas duré frente a esa construcción política, cuando a las 3:00 pm le vi, no dudé un momento en acercármele, era mi oportunidad y no la perdería, me vio y se acercó.

-Hola

-Hola –dije nervioso.

-Sabes, desde que te vi me has parecido muy lindo.

Esas palabras fueron suficientes para decirle igual que la canción de Jason Marz “I’m yours”

-Gracias –dije. Mi nombre es Andrés ¿y el tuyo?

-Mi nombre es… mira este es mi numero celular si quieres me puedes llamar y salimos a tomar un café, ¿te parece?

No sé qué expresión puse en ese momento, el corazón lo tenía a mil así que lo más posible fue tener una cara de idiota. Claramente acepté, había tenido el coraje de hablarle y un café más adelante no vendría mal.

Esa tarde al llegar a mi casa le llamé, hablamos por un buen tiempo, la habitación no tenía gravedad y yo levitaba por todo el lugar. Los días pasaron y el café llegó, luego una serie de salidas, el sentimiento crecía cada vez en mí, podría haber vivido entorno a esos días (aunque solo sucedió en mi imaginación, lo sabes bien).

Las llamadas que hice después de una semana no eran contestadas, eso del enamoramiento es tan enfermizamente encantador como mortal pero aun recuerdo algunas cosas y eso es bueno, al menos aquellos minutos pegado al celular valieron la pena.

Quisiera que hubiéramos llegado a una pelea, a un abrazo, a un beso, a un <<te quiero>>, porque solo pensarte aquellos insectos de ese día vuelven a mí, han pasado más de cuatro años y todavía no olvido, no sé si es normal, vivir de un recuerdo es malo y aun más cuando ni siquiera es un recuerdo firme, solo fantasías. Tú, de encanto indescriptible, créeme que cada día sigo deseando aquel café, a veces te veo con aquella sonrisa intacta, alegrándome el día pero algunos días me despierto.

Te quise por primera vez, te quiero para siempre, pudo haber sido diferente, te habría dado todo pero no pudo ser posible. Por si algún día lees esto, soy Andrés y tú fuiste la primera persona de la que me enamoré.

Por:  Edson Andrés Londoño

Twitter: @LondonoEdson
Instagram: @Eandreslondono

 

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